El Fuero de Sabiote. Siglo XIII

PRIMERAS PÁGINAS DEL FUERO.
EL FUERO DE SABIOTE
(Notas para su estudio)
Antonio RODRÍGUEZ ARANDA.

El Fuero de Sabiote es un antiguo código de suma importancia, tanto para la historia local, como para la del Derecho español en general.

El presente trabajo hecho sobre el mismo sólo supone un deseo de vulgarizarlo, de dar a conocer una obra jurídica del siglo XIII entre los lectores de «La Puerta de la Villa». Para ello, además del propio Fuero, hemos utilizado:
– La transcripción del castellano antiguo al actual, hecha en el año 1952 por el profesor don Juan Manuel Moreno García, con la colaboración del cronista local don Ginés Torres Navarrete .(No publicado).
– La tesis doctoral que, bajo el título «El Fuero de Sabiote», hizo don Juan
Muñoz-Cobo. (No publicada).
– La Memoria de Licenciatura del profesor don Pedro A. Porras Arboledas, publicada en «Cuadernos de Historia del Derecho», número 1 de 1994, Editorial
Complutense. Madrid.
La Puerta de la Villa Nº 7

DEL FUERO Y DE SU CONTENIDO.
Cuando en la Edad Media los cristianos reconquistaban las tierras hispanas que los árabes ocuparon a raíz de la invasión iniciada en el año 711, los reyes otorgaban a los pueblos que iban anexionando una serie de privilegios, a la vez que unas normas jurídicas reguladoras de la vida local y de los derechos y deberes de los vecinos. Estas normas fueron conocidas como Fueros municipales.

Sabiote fue reconquistado por el rey Fernando III el Santo hacia el año 1227, otorgándole el Fuero seguidamente, si bien la redacción del mismo, al menos en el texto que hoy se conserva, no fue hecha hasta finales del mismo siglo XIII.

Este Fuero fue sucesivamente mejorado y confirmado por reyes posteriores, como Alfonso X, Fernando IV, Alfonso XI, Enrique II y Juan II, así como por diversos Maestres de Calatrava, Orden Militar a la cual pertenecía Sabiote desde que en el año 1257 se la diera como Encomienda el Rey Alfonso X, hasta que en el año 1537 el Emperador Carlos I confiscara las propiedades de las Órdenes y vendiera la villa por 18.500.000 maravedíes a su Secretario Francisco de los Cobos, permaneciendo desde entonces en poder de sus descendientes los Marqueses de Camarasa, en calidad de Señorío, hasta que tales Señoríos fueron abolidos por las Cortes de Cádiz de 1811. Sin embargo, todavía conservan algunas propiedades en nuestro pueblo los descendientes de Cobos.

Del Fuero de Sabiote no existe más que un manuscrito o códice que se guarda en el archivo municipal de este Ayuntamiento. Está escrito con letra de tipo gótico en tinta color sepia con rúbricas en tinta roja y los comienzos en morado, rojo y verde con adornos. En el folio segundo una cruz de vivos colores ocupa la plana, y a ambos lados se leen los evangelios de
San Juan y San Lucas. Este valioso e importante documento deriva o forma parte de la familia del Fuero de Cuenca, norma jurídica matriz o base de otros, entre los que se encuentra el de Úbeda, Baeza e Iznatoraf.

La cubierta del códice originario es de pergamino y en ella se lee (con letra del siglo XVIII, según el Profesor Porras Arboledas) «Fuero de Sabiote».

Pero en el siglo XIX; el libro fue encuadernado con pastas de color marrón y los extremos de sus noventa folios fueron guillotinados quedando con un tamaño de 262 x 180 milímetros, figurando en el lomo «Privilegios de Sabiote».

El mal estado del texto de los primeros folios lo atribuye el citado Profesor a las fotocopias realizadas en los últimos años, si bien añade (y puede comprobarse) que la legibilidad es aceptable.

El Fuero de Fernando III, escrito en castellano del siglo XIII, está dividido en rúbricas o títulos que sintetizan el contenido de sus numerosas disposiciones (Porras las agrupa en 887 rúbricas), más las mejorías que del mismo hicieron reyes posteriores.

Veamos como ejemplo algunas de estas rúbricas, su contenido y terribles penas, preferentemente las que afectan al sexo femenino. Curioso contenido en muchos casos que, por lo mismo, no queremos dejar de transcribir, si bien en castellano actual para su más fácil comprensión:

De aquel que moza ajena fornicare: Otrossí cualquiera que moza ajena fornicare peche como por manceba virgen.

De aquel que fornicare a mujer que tuviese marido: Si alguno fornicare a mujer de su marido, sea quemado.

De la puta paladina: Sin embargo, si alguno forzare puta paladina (mujer pública) o la deshonrare, no peche nada.

De la mujer que abortare: Otrossí, toda mujer que a sabiendas abortare, sea quemada si manifiesto fuere, y si no, sálvese por hierro caliente.

Del que las tetas tocare a la mujer: Cualquiera que las tetas tocare a la mujer, peche doscientos maravedíes y salga enemigo de ella.

De las mediadoras y de las alcahuetas: Toda mujer que sea mediadora o alcahueta, sea quemada, y si hubiere sospecha y ella se negare, sálvese por hierro caliente.

De la mujer que dijere que es preñada de alguno: La mujer que dijere que es preñada de alguno y él no la creyere, sálvese por hierro caliente, y si se quemare no sea creída, mas si sana quedare, el padre debe criar el hijo y recibirlo como suyo.

Dado que en el estrecho límite de un artículo de divulgación no es posible referirnos al contenido total del Fuero, ni aún sintetizándolo, ofrecemos una sucinta sistematización de su contenido.

OBJETO:
El Fuero de Sabiote es un compendio de normas jurídicas para regular la organización administrativa, social, penal, mercantil, civil y procesal del pueblo, a la vez que un reconocimiento de los derechos y libertades de sus habitantes.

ORGANIZACIÓN ADMINISTRATIVA LOCAL:
Administrativamente el pueblo se gobernaba mediante una asamblea de vecinos llamada Concejo, pero como Sabiote fue dado en Señorío a la Orden de Calatrava, como hemos dicho, sus Maestres pasaron a ser Señores de la Villa, si bien al no residir éstos en la misma, actuaban en su nombre y en el del Rey los Comendadores residentes. Sin embargo, la justicia se aplicaba
directamente por el juez, que debía ser un «sabidor del Derecho». Las funciones de los Alcaldes eran de tipo administrativo, económico y militar.

LAS CLASES SOCIALES:
En aquellos tiempos la convivencia en el pueblo era conflictiva, ya que en Sabiote existían clases sociales diversas con distintas creencias e ideologías y con derechos y deberes desiguales, toda vez que con los cristianos convivían moros y judíos.

Al establecer las clases sociales cristianas, el Fuero distingue entre nobleza, iglesia y pueblo. Dentro de los primeros menciona a los caballeros, infanzones e hidalgos o fidalgos. Entre los segundos, clérigos, sacerdotes y religiosos. Finalmente, la tercera clase estaba constituida por los trabajadores o peones.

Entre los trabajadores del campo se citan, entre otros, al «meseguero», que era el encargado de velar por las mieses y evitarles daños, así como el «yuvero» o «yuguero», figura similar a la del actual aparcero.
Al ser regulada la ganadería, se destacan las figuras de los pastores, vaqueros, cabrerizos, porquerizos y boyarizos, así como la de los llamados «caballeros de la sierra», que eran los encargados de guardar los montes de los Concejos.

En lo relativo a oficios manuales, figuran los maestros de obras, carpinteros, herradores, herreros o «ferreros», zapateros, abarqueros, pellejeros, «alfayates» o sastres, tejedores, hundidores, taberneros, leñadores, molineros, horneros, carniceros, maestros de ladrillos y
olleros. Para vigilar la actividad de estos artesanos y cobrar derechos y multas, actuaba el almotacén.

PROTECCIÓN Y DEFENSA:
La hueste o milicia del Concejo era el medio armado y organizado contra el enemigo musulmán, tanto para defender la villa como para atacar. En el Fuero se detallan las armas que llevaban los hombres a la guerra y que eran:

Las del caballero, escudo, lanza y espada.

Las del peón, lanza o porra.

La del ballestero, ballesta con cien saetas.

EL COMERCIO:
El Fuero protegió el comercio en la villa y reguló su abastecimiento. La feria fue el medio de desarrollo de la actividad comercial y se estableció durante la semana anterior y posterior al domingo de Pentecostés.
Como monedas se citan el maravedí, el dinero, el sueldo, la meaja o medio dinero, y el mencal (sueldo y medio).

Respecto a las medidas de superficie que se mencionan son: el Estado (49 pies cuadrados); el pie (28 centímetros); el palmo (12 dedos); el dedo (duodécima parte del palmo o 18 milímetros), y el codo (418 milímetros).
Como medida agraria cita el Fuero la aranzada, que en Córdoba equivale a 367 deciáreas.

Como medidas de peso, la onza (28’7 gramos); la libra (460 gramos); la arroba (que también es medida para líquidos), con 25 libras de peso, y, finalmente, el quintal, equivalente a 4 arrobas o 46 kilogramos.

Entre las medidas para áridos figuran la fanega y el cafiz, que equivale a 12 fanegas.

LOS BIENES DEL CONCEJO:
El título primero del Fuero otorga a los vecinos o a los que vinieren a poblar, «la villa de Sabiote con su término, con montes, con fuentes, con pastos, con ríos, con salinas y con venas de plata y de hierro o de cualquier metal».
El Concejo tenía una serie de tierras de uso común o comunales; el egido, que eran tierras cercanas a la villa, así como determinados bienes colectivos tales como las pedreras, yeseras, tejeras y molares. Respecto a las dehesas propias del Concejo, únicamente eran destinadas para caballos, muías y asnos, no para ganado lanar y cabrío.

NORMAS SANITARIAS:
Desde este punto de vista se regula el establecimiento de retretes o excusados, estercoleros y albollones, así como el uso de los baños públicos y el establecimiento de palomares y colmenas, respecto de los cuales se dictan normas protectoras, al igual que se hace con la venta de pescado en el municipio.

LA CAZA Y LA PESCA:
Contiene el Fuero de Sabiote normas reguladoras de la caza y del derecho de los cazadores a tomar las presas de caza mayor y menor, así como de las vedas. Se citan entre los animales a cazar el puerco (jabalí), el ciervo, la liebre, el conejo y la perdiz.

Respecto a los perros de caza, menciona los alanos, sabuesos, galgos y podencos. De las aves de cetrería los azores y los gavilanes. Y sobre los útiles, las redes, los cepos, los lazos y las losas. En lo que se refiere a las armas de caza, las ballestas, las saetas y los venablos.

EL DERECHO PENAL EN EL FUERO:
Pese a la dureza de las penas, que ya hemos podido apreciar al tratar las divisiones del Fuero, y que podremos ver seguidamente, la influencia del Derecho Romano y del Canónico se aprecia en muchos de sus preceptos, principalmente al establecer circunstancias modificativas de la responsabilidad, como son las atenuantes y las agravantes. Pero es lo cierto que las penas son terribles y variadas y que la regulación de cualquier supuesto está siempre precedida o seguida por sanción pecuniaria o corporal. Así por ejemplo:
– «Todo hombre que convidare a una persona a su casa a comer o a beber o a consejo y lo matare, entierren al vivo bajo el muerto»
– «Todo aquel que en otras tierras mujer velada tuviere y en Sabiote con otra se acostare, sea quemado».
– «Cualquiera que a moros armas vendiere o llevase, sea ajusticiado».
– «Otrossí, todo aquel que al Señor de la villa matare o hiriere, sea despedazado por miembros».

En casos de menor importancia la sanción era de tipo pecuniario, como podemos verseguidamente:
– «Todo aquel que el culo a otro en la cara pusiere o hiciera pedos o villanías de esta clase, peche 300 maravedíes».
– «Otrossí cualquiera que palabra o canción mala levantare de alguno, peche 100 maravedíes»
En términos generales, los delitos castigados con más severidad son los cometidos por bandas armadas y salteadores, los homicidios, hurtos, robos y su encubrimiento, la traición y la castración, así como los de tipo sexual, principalmente el adulterio de la esposa, el abandono del niño, el aborto, bigamia, barraganía y sodomía.

Asimismo, los falsos testimonios y las falsedades, las alteraciones de precios y las hechicerías.

Respecto a los animales, las muertes y daños causados a los mismos y por los mismos. Y en relación con las propiedades, son numerosas las normas que las protegen y las penas establecidas para los que causen daños en árboles, viñas y huertas, así como en el campo en general.

EL DERECHO CIVIL:
A diferencia del Derecho Penal, el Fuero de Sabiote aborda la casuística civil en forma similar a la de nuestro vigente Código. Pero así como se ha dicho que éste dedica su articulado a la protección de la propiedad y todo lo con ella relacionado y ni uno sólo a la de un niño, el Fuero es más humano en este sentido y, a la vez, más variado en la regulación de hechos y supuestos. Así puede apreciarse en algunas de sus rúbricas, tales como: «Del niño que quedare sin teta». «De cómo se ha de criar al huérfano». «Del que lirios o rosas cogiere». «De los molinos, de las acequias y de los canales», etcétera.

Respecto a la propiedad se establece, ciertamente, una férrea protección y defensa de la tenencia de la misma por su dueño, por lo cual éste podía disponer de ella sin limitaciones y mediante las formas hoy reconocidas, tales como la venta, donación, permuta o sucesión.

El derecho de familia se fundamenta en el vínculo producido por el acto y contrato matrimonial, con entrega de arras y las subsiguientes velaciones, pero en determinadas condiciones y pagos de fianza el Fuero admite la repudiación de la mujer por el marido. Lo mismo ocurre con el
concubinato o barraganía, aunque de manera más limitada.

Como en el Derecho actual, se estableció en el Códice sabioteño el régimen de gananciales respecto a los bienes adquiridos durante el matrimonio, así como la patria potestad de los padres sobre los hijos.

La regulación de los bienes para el caso de muerte se hace mediante el testamento, y cuando éste no se ha otorgado (es decir, a lo que en Derecho se llama sucesión intestada), el Fuero denomina el hecho «morir sin lengua» («Del que sin lengua muriere», dice la rúbrica). La partición
de bienes es el acto en el que se atribuyen éstos a los herederos del causante o fallecido. («De la partición de parientes et de fijos»).

La disposición de los bienes mediante contrato se establece igualmente de forma precisa, tanto en lo que se refiere a la compraventa como a la permuta, arrendamiento y aparcería, tocando también otras figuras jurídicas como la prenda, la hipoteca, el préstamo y el hospedaje.

Por último, atisbos de la regulación del trabajo aparecen en el Fuero al establecer el horario laboral de los peones, los cuales, en los días de ayuno durante la Cuaresma, tenían que labrar la tierra hasta el toque de la campana de la iglesia de Santa María; y en los días restantes, hasta el
toque de vísperas en la iglesia parroquial.

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